martes, 20 de febrero de 2018

Poema del día: "Yo salí a la siega...", anónimo (Japón, siglo VIII)

Yo salí a la siega, paré en un albergue:
cayó un chubasco y caló mis mangas.
¡No hay quien me las seque!

Anónimo, incluido en Manioshu. Colección para diez mil generaciones (Ediciones Hiperión, Madrid, 1980, ed. y trad. de Antonio Cabezas García).

lunes, 19 de febrero de 2018

Poema del día: "In memoriam Ruanda", de Nimrod (Chad, 1959)

El resplandor azulea en la nuca de un niño
Y el fuego de la tarde ya no tiene esperanza

Aquel verano la hemorragia fue silente
Y la luz enterraba al mantillo

Era como una risa idiota bajo el yeso,
Cuando ya no se ríe —pobre carne—,
Un diente puro en lo más claro del espacio

¿Y qué botín fue aquel, colmado, a rebosar?
¿Qué flor frotada por el hierro junto a nuestros oídos?

Arrasábamos, por plácidas colinas,
En el desierto. Sólo se oye el clamor
De los osarios—el mantillo es carnívoro.

Nimrod en Tránsito al infinito (1999), incluido en Letras libres (Edición para España, febrero de 2003, selec. de Landry Wilfrid Miampika, trad. de Javier del Prado).

Otros poemas de Nimrod
Colma el estiaje nuestros deseosLos caminos

domingo, 18 de febrero de 2018

Poema del día: "Protegida con...", de Beloslava Dimitrova (Bulgaria, 1986)

Protegida con
poemas infinitos sobre mí
cimentados en el bolso
estampados en la chaqueta
letras en la mano
por encima de la frente
muy abajo
en las plantas de los pies
me muevo
y sangro a la vez
libros
no lucho contra ellos a través de ellos por ellos
el mundo es otro
salgo con un chaleco antibalas
miren mis palmas
y no tengan miedo
si me encuentran
en el metro

Beloslava Dimitrova, incluido en Jamás olvidados. Muestra de poesía búlgara reciente (Vallejo & Co., Internet, 2017, selec. de Mario Pera, trad. de Maya Daskalova-Dimitrova).

sábado, 17 de febrero de 2018

Poema del día: "De las áreas más claras de la casa", de Casé Lontra Marques (Brasil, 1985)

Porque en el momento en el que me recoges
soy solamente
un ruido que aprende a respirar
bajo tus órganos;

una forma - violenta - de incandescencia:
¿como
a condensar las edades

de las áreas más claras
de la casa
donde
recibimos la extensión de nuestra

insuficiencia? Desparramo las frutas
por el piso

de las horas futuras - lo que no significa

que sus alas (vueltas hacia el agua)
sean
únicas: los perros que retornan, calmamente,

forman una memoria
húmeda. Por
entre mapas, -reaccionando, - traspasa
la impaciencia: la lenta

permanencia
de la impaciencia cuyo esqueleto

excede el habla:

en torno
a
la taza vacía - mientras

la cara
- súbita - vibra:

los objetos que alargan el cuerpo,
las letras
que pueblan

la página, los segundos

que preceden
al sueño
reviven, indefiniéndonos
el riesgo
de una risa nítida.

Casé Lontra Marques, incluido en Inventar la felicidad. Muestra de poesía brasileña reciente (Vallejo & Co. Internet, 2016, selec. de Fabricio Marques y Tarso de Melo, trad. de Rafaela Scardino y Sebastián Huber).

Otros poemas de Casé Lontra Marques
Cuerpos donde la ciudad se repite...Mientras perder sea habitar con exactitud...Sobrevivimos al calor de despertar cerca de los ojos...

viernes, 16 de febrero de 2018

Poema del día: "Tango del viudo", de Pablo Neruda (Chile, 1904-1973)

Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia,
y habrás insultado el recuerdo de mi madre
llamándola perra podrida y madre de perros,
ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer
mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre,
y ya no podrás recordar mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas
sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún,
quejándome del trópico, de los coolies coringhis,
de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño
y de los espantosos ingleses que odio todavía.

Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola!
He llegado otra vez a los dormitorios solitarios,
a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez
tiro al suelo los pantalones y las camisas,
no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes.
Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte,
y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,
y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.

Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde
el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras,
y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina
acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie:
bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces,
de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre,
y la espesa tierra no comprende tu nombre
hecho de impenetrables substancias divinas.

Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas
recostadas como detenidas y duras aguas solares,
y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos,
y el perro de furia que asilas en el corazón,
así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora,
y respiro en el aire la ceniza y lo destruido,
el largo, solitario espacio que me rodea para siempre.

Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración
oída en largas noches sin mezcla de olvido,
uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo.
Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa,
como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada,
cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo,
y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma,
y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente
llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,
substancias extrañamente inseparables y perdidas.

Pablo Neruda, incluido en Las ínsulas extrañas. Antología de poesía en lengua española (1950-2000) (Galaxia Gutenberg Círculo de lectores, Barcelona, 2002, selecc. de Eduardo Milán,   Andrés Sánchez RobaynaBlanca Varela y José Ángel Valente).

Otros poemas de Pablo Neruda
Arte poéticaBarcarolaCaballo de los sueñosDébil del almaEl deshabitadoEl fantasma del buque de cargaGalope muerto, Poema (VXX), Reunión bajo las nuevas banderasSólo la muerteWalking around

jueves, 15 de febrero de 2018

Poema del día: "Ciertas danzas emolientes del corazón a deshoras", de Germán Carrasco (Chile, 1971)

Se juntan luego del turno de ella, a las dos de la mañana.
Comparten silencio y unas tazas de lapsang souchong.
Ella le dice que a pesar de casi no tener espiritualidad
un día de estos se va a meter a una iglesia
a rezar sin que nadie la vea. Que no da más,
que a su consultorio llegan los que de verdad no dan más.
Ella le cuenta esta noche a él el caso de un narco agonizante
al que acaba de intentar sobrevivir
presionada por la familia del moribundo
que primero le ofreció dinero y luego balas en la sala de espera.
Que vio morir a una niña de dos años por hipotermia
cuyos padres se mataron luego con veneno para ratas,
que no sé cuántos ataques de pánico le llegaron hoy,
que con una paciente se rió a carcajadas y hasta fumaron
con el ventilador y la ventana abierta,
y que hablar le hizo mucho mejor a la iñora
que ninguna otra cosa aunque de todas maneras le dio
un par de píldoras sólo en caso de extrema necesidad
(esa paciente le dio un secreto para que las empanadas
quedaran para acariciar por dentro el alma de cualquiera)

El sujeto llega en bicicleta, a las dos de la mañana
charlan, escuchan Hildergad Von Bingen,
hacen el amor como si fuera —y al parcer será— su última vez
como si la muerte les hubiera dado horas de plazo,
luego ella lo baña y le lee poemas
mientras él descansa en la bañera caliente
Él luego de hacer el amor piensa retirarse
para no interrumpir el sueño de ella,
o piensa en no moverse y poder dormir también él.
Ella presiente esa ligera incomodidad corporal:
como ambos se preocupan el uno del otro
ninguno puede dormir, además
podrían estar tocándose dos días, una semana.
Mientras no pueden dormir —además, mañana
ambos deben trabajar duro—, ella le da a él
un trocito de benzodiazepina con agua
que parece una hostia que parece un diamantito que parece
polen entre las yemas del pulgar e índice de ella,
un pedacito de hoja de ciruelo o azalea blanca
o hielo o una partícula de detergente entre los dedos

Germán Carrasco en Ruda (2010), incluido en Doce en punto. Poesía chilena reciente (1971-1982)  (UNAM, México, 2012, selec. de Daniel Saldaña París).

Otros poemas de Germán Carrasco
Verano

miércoles, 14 de febrero de 2018